Erbium
     
Erbium
(...) Me encantan esas cosas que no son lo que son. Está lloviendo. Pero parece el balanceo de un viejo candelabro. Algo como un temblor que no es un temblor. Un susurro que viene de algún cuarto cerrado. En 1999 me fui a vivir a un pueblo costero llamado Niebla, en el sur de Chile. Era una pequeña casa de madera en palafitos, bajo la cual no había agua, sino tierra. Ese mismo año, comencé una investigación en química, sobre dos elementos, Erbium (Er68) y Promethium (Pm61), ambos pertenecientes a los llamados lantánidos o tierras raras. Ahora vivo en París, han pasado veintiún años desde entonces. Este último tiempo, la tierra está rara. Y esa sensación se traduce en un color, un gris muy particular, que en mi memoria sólo posee el Erbium.
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